martes, 25 de febrero de 2014
At the End, the end
jueves, 28 de noviembre de 2013
Un bache cualquiera
martes, 15 de octubre de 2013
A veces
viernes, 19 de julio de 2013
Fragmentos
sábado, 18 de mayo de 2013
Tiempo
lunes, 24 de septiembre de 2012
Recuerdo haber estado en París
domingo, 25 de marzo de 2012
Muerte Helada

Toda historia tiene un comienzo que se convierte en el primer paso en los caminos del destino. Ésta es la historia de un desconocido y te la voy a leer tal como él la escribió:
“Nuestra historia comenzó en unas islas al norte del Gran Glaciar. De jóvenes soñábamos con viajar por el mundo y convertirnos en poderosos héroes, pero nuestra vida diaria nos limitaba a serlo. Un día decidimos viajar más allá del Gran Glaciar para así descubrir nuevas tierras. Pero ojo, no solo nos impulsaba la sed de aventuras; sino también una leyenda de poderosas armas y artefactos mágicos nunca vistos por ojos mortales.
Cuenta la leyenda que en tierras distantes cruzando el continente de Ansalon se encuentra un grupo de islas donde se guardan los más poderosos objetos mágicos. También se cuenta que en el Gran Glaciar hay una ciudad elfica escondida. En ésta ciudad hay un lago de aguas plateadas y de misteriosas cualidades mágicas. No sabemos bien que fue, pero queríamos ir ahí o al menos intentar llegar.
Luego de viajar con unos piratas terminamos en la orilla del glaciar. Casi que nos congelamos al nadar por las heladas aguas. Sobrevivir fue más duro de lo que imaginábamos. Recorrimos casi una semana de viaje por la helada tundra hasta al fin llegar a unas colinas. En el horizonte divisábamos a unos gigantes que nos impedirían el paso. Hábilmente mis compañeros engañaron a los gigantes dándoles un escudo “mágico”, siendo éste solamente un escudo común con el conjuro de luz.
Nuestro viaje siguió por las colinas entre quebradas y bosques. Extrañamente el frio mermaba y con ello aumentaban nuestras posibilidades de sobrevivir. Nos cruzamos con sujetos de varias tribus de salvajes y hasta con unos poblados quienes nos ayudaron con refugio y alimentos. Lamentablemente también tuvimos que entrar en combate con partidas de caza de otras tribus y hasta con un grupo de caballeros vestidos completamente de negro. En uno de esos enfrentamientos fue cuando perdí dos de mis dedos de la mano izquierda.
Después de cruzarnos con esos vestigios de civilización, tuvimos que pelear contra varias tribus de trasgos. Hasta tal punto que una partida de ellos nos prosiguió por las montañas en una exhaustiva cacería. Corrimos muchísimo por montañas y bosques hasta llegar a un estrecho en medio de una pared de piedra. Allí con refugiamos y logramos escapar por un momento, solamente para tomar un respiro. Nos persiguieron por el estrecho montañoso incansablemente hasta que una tenebrosa voz de ultratumba nos salvó causando un terremoto y sepultando a los trasgos.
Ante nosotros se manifestó una preciosa elfina que nos teletransportó hasta una inmensa ciudad llamada Belegost. La leyenda era cierta, logramos ver el lago de plata y conocíamos la ciudad. Entrenamos todo un año con los elfos, aprendiendo de su cultura, su arte y su magia.
Pasado el año, emprendimos viaje nuevamente hacia el norte, pues sabíamos que Ansalon estaba muy cerca. En el camino tuvimos que enfrentarnos a la bestia más temible que jamás hayamos visto: un gusano de escarcha. Fue una batalla sin precedentes y gracias al hechicero y el druida logramos derrotar la bestia. Nuestro camino continuo un poco más hasta toparnos con un mortífero troll que logramos reducirlo en pedazos en cuestión de segundos.
Al siguiente día de viaje, caminamos varias millas por la helada tundra. Mi cuerpo estaba entumecido y estábamos pasando hambre. Las inclemencias del clima y el cansancio pronto empezarían a cobrar victimas. Temo ser solo una tumba perdida en el ártico”. 
Esto fue lo último que se supo de él. Su diario terminó en mis manos, y honraré su nombre en mis canciones.
martes, 6 de septiembre de 2011
A ella

Quiero verte una vez más. Sentir que aun no te has ido. Saber que es de tu vida y que sepas que es de la mía sin ti. Nada, es eso, así de simple y sin rodeos. Te extraño. Quiero que sepas que todavía te espero por las noches interminables de insomnio queriendo sentirte abrazándome. Y por las mañanas despierto con ansias de verte recostada de lado, como solías dormir, con tu cabello suelto danzando por tu espalda. Cierro los ojos y te veo ahí, recostada; siento el resplandor del sol de la mañana que se refleja en tú piel dorada y hasta llegué a sentir tu aroma.
Cuando camino por la calle creo verte, pero son solo alucinaciones. Te busco entre la multitud y hasta una vez seguí a alguien pensado que eras vos. ¿No es acaso gracioso? La verdad: ¡No!
Llámalo obsesión, locura o demencia; llámalo como quieras. Para mi es necesidad. Depender de tú existencia para sobrevivir es atroz. El simple hecho de saber que vas a leer esto y verme a mí suplicando por tu regreso es penoso. Créeme que me siento realmente apenado por escribirte esto. No por ser menos hombre y rogar por tú regreso. Sino por ser tan poco hombre que no puedo vivir sin vos.
Los tiempos que corren hacen que me esperance con verte de nuevo, sin embargo sé que si te vuelvo a ver no será lo mismo. Seguramente tendrás otro nombre, otro rostro, otro cuerpo, otro aroma, en fin serás diferente; serás otra. Pero no me puedo quitar la ilusión de volverte a ver, sin importar que forma tomes.
Al fin y al cabo nunca podré superar tu ausencia y seguir con mi vida. ¿Sera que eras más que solo una parte de mi vida? Te escribo estas líneas para que sepas que te quiero, te espero, te deseo. Te deseo que… Que sólo me queda poder desearte que estés bien dondequiera que estés.
Fragmento de otro relato
viernes, 20 de mayo de 2011
Las últimas palabras [Humano - Filoaojador]
Me introduzco: yo soy Razzelic Vedorann Avallari Drathir, un joven de 15 años, solo en el mundo. La furia consumió mi alma, la decepción ensalzó mi vida y la venganza guía mi camino hacia el futuro.
Mi padre, Razzavio Avallari, era un destacado mago túnica blanca de Alta hechicería. Él residía en Solanthus por razones diplomáticas y cada tanto era parte de operaciones caritativas de los caballeros de Solamnia.
Un día es llamado a socorrer a un poblado llamado Hamilton que estaba siendo atacado por una mesnada de ogros. Las fuerzas locales, si bien superiores en número, se habían visto obligadas a replegarse hacia el baluarte de la familia noble local. Un desesperado pedido de ayuda llego a los caballeros. Las autoridades formaron una pequeña diligencia conformada por guardias y cabos, también pidieron ayuda a todos los valerosos que sean capaces de combatir de unirse a la partida para salvar al pequeño poblado. Mi padre que se encontraba entre esos valerosos.
Llegaron a Hamilton y la batalla comenzó, magia y acero se unieron aquel dia en la fervorosa batalla para poder liberar al poblado del azote de los ogros. Aquel fue el dia en que mis padres se conocieron, mi madre, una Caballera de La Espada y mi padre, un Túnica Blanca. Ambos seres de gran de poder. Mi padre me dijo que quedó maravillado por la belleza de mi madre, y esta dijo que estaba encantada por la valentía y atónita por el poder de aquel humano.
Pasaron los años y la pareja no se separo jamás. Su reputación era conocida en toda la región como los paladines de Hamilton. No existía el mal en aquella ciudad. Con el tiempo llegué al mundo y me crié en medio de lujos. A temprana edad mi recibí entrenamiento militar de parte de mi madre durante el día. Durante las noches largas horas de estudio de las artes arcanas con mi padre. Uno quería que fuera un caballero el otro un hechicero.
Hasta que una tarde mi madre viajo al campo y volvió. Mi padre decidió buscarla y marcho junto a unos soldados. Al día siguiente solo los soldados regresaron y con ellos una carreta con un cuerpo envuelto en una sabana blanca. Era mi madre. Estalle en llanto, impotente, frágil, solo. Mi padre regreso varias semanas después, envuelto en una túnica negra y traía con él varios libros y pergaminos.
No lo pude ver desde su regreso, ya que él se encerró en su cámara y no salió durante meses. Durante las noches había peones que desaparecían. Los rumores eran variados, pero nada a ciencia cierta. Un día a la madrugada llega un Caballero de la Rosa a rendir ofrendas a la tumba de mi madre. Mi padre salió de sus aposentos para recibirlo y mientras el caballero estaba rindiendo tributo, mi padre aprovechó la oportunidad para tomarlo prisionero. Lo encerró en un globo mágico y se lo llevó a las catacumbas de la estancia.
Pasó una semana y una diligencia de 20 caballeros llegaron al pueblo y consecutivamente a las tierras de mi familia. Buscaban a mi padre. Libraron una feroz batalla contra él dentro de sus aposentos. Mi padre logró expulsarlos hasta el patio de la estancia. Paralizado por el temor podía ver como todo sucedia desde la ventana de mi recamara. Mi padre luchando frente a frente contra los Caballeros, y junto a él cadáver de mi madre, vistiendo su armadura y portando su espada. Lado a lado como en los viejos tiempos. Finalmente el más anciano de todos ser acerco y de un solo golpe de su mazo derribó a mi padre dejándolo inconsciente. Yo salí corriendo y me escondí en los establos.
Escuche que sus planes era encontrarme, que no me podían dejar huérfano. Yo no quería ir con esos hombres bajo ningún punto de vista. Maté a un niño muy parecido a mí, cuando los caballeros se distrajeron, y lo deje al lado de la casa. Tomé una antigua espada que mi madre guardaba en el ático junto con unos pergaminos de mi padre y me dirigí al este por la costa hasta llegar a un bosque. Allí pase todo un año, perfeccionando mi habilidad con la espada y la magia jurando vengarme de los caballeros de Solamnia y de quien mato a mi madre. Consumido por el odio, y las atrocidades que vi desde pequeño, luche para sobrevivir.
Mis viajes me llevaron a Cincel, una ciudad costera. Allí me uní a un grupo de aventureros los cuales parecían aceptarme. Y después de todo porque no hacerlo. Nuestra primera aventura juntos no fue más que una masacre y no me fue tan bien. Viajamos juntos hasta Puerto de Escala escapando de nuestros contratadores a quienes habíamos timado.
Hoy me encuentro a horas de ser juzgado por una violación que cometí días atrás. Al menos sé que mi historia será leída por alguien. Solo espero no morir.
Texto original: Nicolás Andrés Scaltritti.
Revisión y edición: Pablo Fernando Pacheco.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Krell Matadragones - Semiorco Bárbaro

Krell fue criado en las Praderas de Arena en una tribu orca. Allí aprendió a sobrevivir y a combatir junto a sus parientes orcos. Él fue el hijo bastardo de un afamado guerrero de la tribu quien lo crió como su hijo mostrándolo al resto como el tesoro de una incursión a un poblado humano siempre relatando como violó a su madre humana y la mantuvo viva hasta su nacimiento.
Krell se mostro siempre feroz en combate y desde pequeño fue reconocido como un hábil, valeroso y tenaz guerrero. A temprana edad formo parte de las filas de combatientes de la tribu, ganándose el respeto de sus contrapartidas orcos. Sin embargo siempre fue desmerecido de entre la tribu por ser un bastardo de sangre impura.
Formó parte de la primera campaña de La Horda Orca quienes marcharon al sur en una puja territorial en contra de la tribu de humanos que vivían cerca del muro de hielo. La horda no fue bien organiza y preparada para el sometimiento del frio atroz ni para la larga duración de la contienda. La escasez de soldados y la falta de recursos obligo a la horda a retirarse. Sin embargo los humanos no estaban dispuestos a dejarlos escapar vivos. A cambio de sus vidas los orcos ofrecieron a varios de sus soldados como tributo y también parte de su riqueza. Entre lo orcos entregados como tributo, se entregó a Krell.
Krell cayó en manos de Fen Maharis un noble guerrero, quien lo crió como uno de los suyo y le enseño el arte del combate. Pero, Krell nunca pudo adoptar la forma de combatir humana ya que siempre que era superado en número o gravemente herido perdía el control de si mismo entrando en un estado de cólera golpeando brutalmente a sus oponentes. Fen Maharis también le enseño a apreciar las artes, a leer y a escribir, a sobrevivir en el helado sur, y a controlar su furia. Rápidamente los humanos aceptaron a Krell y él se sintió parte de la tribu olvidando así parte de sus raíces orcas. En la tribu humana Krell se hizo amigo de Rall Endrino un humano hijo del líder de la tribu. Krell fue designado como escolta personal de Rall durante la segunda incursión orca salvándole la vida en combate más de una vez.
Una vez terminada la segunda guerra contra los orcos, Rall Endrino pidió a los altos líderes de la tribu que le concedieran la libertad a Krell quien cumplió con su palabra defendiéndolo a él y a la tribu. Los líderes decidieron otorgarle la libertad pero a cambio de ello Krell tendría que superar una prueba. La prueba consistía en enfrentarse a un dragón blanco que saqueaba con regularidad algunas aldeas cercanas a la tribu. La prueba fue impuesta en para probar el valor y la lealtad de Krell, además de que varios de los lideres esperaban con ansias la muerte de la bestia gris, como lo denominaban ellos.
Krell dispuesto a luchar para recuperar su libertad y para demostrar su honor acepta la prueba. Una vez realizado los preparativos decide comenzar su viaje, pero al salir de la tribu Rall decide ayudarlo como retribución a su leal servicio. También antes de partir, Fen Maharis, le otorga a Krell un arma forjada por el mejor herrero de la tribu e imbuida en poderosa magia por parte del hechicero local, diciéndole “si obtienes tu libertad, obtienes el arma y ganas tu honor”. Así comienzan su viaje hacia la guarida del dragón en el muro de hielo. Tardan varias semanas en llegar a la guarida. Una vez allí libran una feroz batalla contra el dragón blanco hasta que logran derrotarlo. Krell le corta la cabeza como muestra de su hazaña mientras que Rall toma el tesoro para luego repartirlo entre ambos. Su regreso triunfante a la ladea le otorga a Krell su libertad, honor y renombre, desde ese momento es conocido como “Krell Matadragones”.
Rall Endrino le propone a Krell irse de aventuras hacia el norte aprovechando la riqueza del tesoro del dragón. Krell decide que es momento de dejar la tribu para buscar su lugar en el mundo. Así ambos se convierten en compañeros de aventuras.
Emprenden viaje hacia el norte por mar y tierra, gastando su fortuna en bebidas y mujeres. Luchando por temporadas como mercenarios y enfrentándose a monstruos o simples ladrones.
Logran comprar varias mujerzuelas y emprenden un negocio de prostitutas mezclando sus habilidades, Rall era el comerciante y Krell mantenía el orden. Sin embargo al tiempo Krell se ve absorbido por una vida de lujos y placeres desmedidos, atrapado en el alcohol y la lujuria. Rall decide que lo mejor es estar en movimiento ya que eso distraía a Krell de la bebida y la carne. Al llegar a Cincel, Rall decide que no pueden seguir juntos, ya que Krell no es más de utilidad y perjudica más al negocio de lo que puede lograr beneficiarlo. Krell está de acuerdo y decide unirse a un grupo de aventureros que parecen aceptarlo, claro está que ellos desconocen el problema de adicción de Krell. Estos aventureros se dirigían hacia el sudoeste, a Puerto de Escala. Krell arregla su negocio con Rall y promete volver recuperado de sus adicciones y problemas.
lunes, 4 de abril de 2011
Yo estuve ahí
No sé bien que es lo que pasó, todo sucedió muy rápido. Yo estaba ahí solo en la misma mesa de todas las mañanas tomando el mismo trago de siempre: un buen vino tinto. Pero eso sí me acuerdo muy claramente cómo empezó todo.
Pues bien, trata de seguirme, todo sucedió así o al menos eso creo. Imagina esto: Estaba yo sentado en la mesa de la esquina más alejada de la entrada, al fondo, donde siempre estoy. No me gusta cambiar mis hábitos, siento que se distorsiona mi realidad. Bueno, en que estaba… Ah sí, estaba tomando mi vino tranquilamente pensando en mis negocios y sobre todo en aquel sujeto de piedra que se hizo polvo hoy en el mercado, por suerte pude agarrar sus pertenencias a tiempo y conseguir el dinero para tomar mi buen vino. Fue sencillo engañar al mercader diciéndole que sus pertenencias eran una reliquia.
En fin, mientras mi paladar disfrutaba de aquel vino, veo entrar a cuatro sujetos quienes no parecían más que unos simples aventureros de esos que se ven todos los días. Mientras unos charlaban con el tabernero, y otros hablaban de lo sucedido temprano en las calles del mercado y estos sujetos entraron preguntando si sabíamos algo de ese tema. Yo no quise levantar sospechas y fingí no saber nada.
En ese momento uno de los sujetos vestido como un simple ciudadano, se acerca a la mesa de unos soldados que estaban conquistando unas mujerzuelas e intenta hablar con una de las señoritas. Al segundo otro sujeto se acerca al otro soldado preguntándole sobre el incidente del mercado, y molesto por su intromisión, el soldado lo corre de un mal gesto y este se retira. Mientras, el soldado molesto por la intromisión en la charla con su mujer, se levanta bruscamente gritando que se aleje y deje de molestarlo. El segundo soldado hace lo mismo empujando al otro sujeto y amenazándolo con una daga. 
De repente entre la confusión y el bullicio se escucha una voz que grita desde la barra insultado a los soldados de vulgares y sucios cazadores de mujerzuelas. Esto, creo yo, es lo que más sulfuró a los soldados quienes desafiaron al atrevido agresor y al descolocado ladrón de mujeres a un duelo a muerte.
Aun sin ser suficiente, los provocadores continuaron sus agresiones y burlas mientras aceptaban el duelo. Todo estaba decidido, ésa tarde dos hombres morirían en una pelea justa mano a mano.
El sol caía acariciando la ladera de la montaña y el cielo se teñía de matices rojizos, que según mi abuelo, era signo de que sangre iba a correr. La gente no sé cómo, pero se enteró y estaban todos reunidos a las afueras del pueblo, listos para deslumbrarse en el combate de aquellos valientes.
Los hombres estaban en su lugar y el terreno estaba listo para que el duelo comience. El primer reto lo realizarían el inapropiado cortejador y el ofendido dueño de la dama. Los dos retadores entran al área de combate. El primero se arrodilla y clava su espadón en el piso, y comienza a rezar, yo pienso que sería por el susto, porque su contrincante solo llevaba un bastón y apenas pisó la arena realizó unos increíbles movimientos con ese simple objeto. Luego el soldado se pone de pie y el otro sujeto se abalanza sobre él realizando un salto increíble y maniobrando con una inimaginable maestría el batón intenta golpearlo pero su contrincante lo bloquea usando su arma y lo mueve unos pies a su costado, bajándolo fácilmente. En ese mismo instante, el soldado balanceó su arma hacia atrás y lo golpeó con fuerza en el pecho rasgando su camisa y sin darme cuenta estaba atacando de nuevo pero esta vez fue un corte más profundo en su pecho, abriéndolo como mantequilla. El sujeto se desplomó rígido sobre el verde pasto esparciendo su sangre sobre el suelo. La multitud enmudeció por un segundo y luego clamaron al ganador, silbando, gritando, y aplaudiendo. Todo el mundo estaba enloquecido y hambriento por ver el segundo combate.
El segundo combate comienza apenas retiran el cuerpo del caído en batalla. Todo el mundo retoma el silencio y están atentos al nuevo espectáculo. El sujeto entra en la arena, y el segundo soldado lo hace también. Ambos contrincantes se ponen en guardia y se miran fijamente. El soldado usaba una espada bastarda y un escudo mientras que el sujeto tenía una espada curva y un escudo. En esos pocos segundos se estudiaron mutuamente esperando la reacción del otro. El soldado se desesperó por actuar y se lanzó a la carga golpeando al sujeto levemente con su arma y este intento arremeter de contragolpe pero resbalo en la todavía fresca sangre de su amigo cayendo al suelo. El soldado era el ganador. Pudo acabar con su vida fácilmente pero no, en cambio decidió hacerle la marca del deshonor en su rostro quitándole un ojo transando una profunda herida recta.
Nadie dijo nada, todos estaban satisfechos por el espectáculo. Aparte, no se puede exaltar al ganador ni abuchear al perdedor porque el hacedor de “la marca” es el castigador más frio y despiadado, según el Código y la Medida de los Caballeros de Solamnia; mientras que el castigado sufre una pena mucho peor que la muerte y es vivir en deshonra.
Todo estaba terminado. La gente se retiró del lugar y yo también. Ese sí que fue un día muy raro. Presenciar las tres muertes más extrañas del pueblo.
Por FeRcHoX
P/D: Fragmento de la última partida jugada el domingo 3 de Abril 2011.





