Hace mucho tiempo que no tiro lineas en el blog. No por falta de tiempo, sino por falta de ganas, capaz. En esta oportunidad comparto un poema de un poeta Argentino que merece completamente su lectura. Lo descubrí hace ya casi un año, y como es de esperarse por error. Es lo bueno de leer por error, uno se divierte más, se equivoca mucho, pero ¿quién me quita lo leído?
Ahora bien, sin preámbulos absurdos:
No se si asumir que estoy enfermo
y si lo estoy, ¿qué debiera hacer?
¿Estoy enfermo?
¿O es simple depresión?
Porque si soy un enfermo debiera
pedir primero por mi salud.
Y yo pido alegría
o mejora en mis ingresos
jamás salud.
Ya uso lentes.-
Vicente Luy
(invertir también es dar la vuelta)
sábado, 2 de mayo de 2015
domingo, 28 de diciembre de 2014
Es tan difícil
Muchas veces las películas, como la vida misma, tienen eso que nos hace pensar. Claro, es más fácil si lo vemos en una pantalla. Hoy vuelvo a escribir acá. Quizá sea sólo por aburrimiento y la apatía del mero estar.
El amor. ¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?- Si no hubiera pasado el tiempo, sentiría que me estás haciendo un reproche. Pero en realidad creo que estás asustado y si estás asustado es porque algo fuerte te está pasando. Casi siempre el error que cometemos, es sólo pensar lo que nos pasa a nosotros, nos parece tan importante eso que sentimos, que nada de lo del otro parece ser tan importante como eso que sentimos, y esa contradicción suele ser trágica.- Si no hubiera pasado el tiempo, pensaría que estás siendo autocrítica.- El error más común que cometemos todos, es querer que el otro sea como queremos que sea y no como es. Y cuando nos damos cuenta del error, a veces es demasiado tarde. Pero no tengas miedo Oli, no es bueno estar solo, uno envejece antes. ¿Quién es ella?- Es una historia complicada...- Pelea, no pienses sólo en recibir cosas... Pensá, ¿qué está ella necesitando de vos? ¿Qué espera que le des vos?- DÓLARES.
domingo, 22 de junio de 2014
El juego en que andamos
Si me dieran a elegir, yo eligiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar muy infelices.
Si me dieran a elegir, yo eligiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo eligiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar muy infelices.
Si me dieran a elegir, yo eligiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo eligiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman
martes, 25 de febrero de 2014
At the End, the end
Por un momento imagínate que estás en tu casa al frente del televisor y de
repente una película termina aparecen los créditos, o apagas el televisor, o
cambias de canal. Cuando algo termina, no pasa nada. Es sólo el final. Nada
más, nada menos. ¿Un nuevo comienzo? ¿Quién sabe? Al final, no hay más que la
pantalla en negro, unas letras en blanco que te nombran el reparto, lentamente
se encienden las luces de la sala, la gente se empieza a levantar y se va. Unos
opinan de la película, otros piensan que van a hacer luego, otros no hablan
sólo se van. Así son los finales en la vida, como cuando termina una película
en el cine.
viernes, 10 de enero de 2014
A los queridos lectores
Hoy me topé con un caso singular. En realidad no fue hoy,
fecha de publicación, pero juguemos con la imaginación así parezca un post más
espontaneo que un refrito de ideas encajonadas. La cuestión es que siempre se
dice que los “escritores” quieren ser leídos. Yo no me considero un escritor,
ni por mi blog ni por lo que alguno sepa que hago en mi tiempo libre. Es más he
debatido hasta el hartazgo con cuanta persona allegada a la literatura me crucé
tratando de definir en qué momento uno puede decir que es escritor. No sé
cuando es ese momento. Lo que sí sé es que antes de escribir hay que leer. Y de
lectores puedo hablar, porque sé que hay diferentes tipos de lectores.
Se puede empezar nombrando a esos que entienden de lo que
habla el escritor sin irse muy lejos de lo que pretende. Esos lectores avivados
y ansiosos. Son tipos con una visión crítica aguda. Tienen una etiqueta
burguesita de críticos de arte, y la llevan porque consumen literatura. Según
ellos, tienen la experiencia del lector, el juicio crítico realzado y sobre
todas las cosas un “gusto” por la literatura formado. Buscan el fin estético
del lenguaje en su expresión como arte, y aunque hablen de estética y arte les
cuesta horrores sentir lo que se dice. Lamentablemente muchos de estos sujetos
no pueden escaparse de los clásicos. Tienen tanto peso en experiencias que no
saben dónde buscar nuevas sensaciones. Es por eso que tienen un lógico desdén
por lo nuevo, o lo producido por un autor amateur poco conocido o en algunos
casos los llaman menores. Sin embargo los aprecio mucho, por su juicio crítico
de lupa y escritorio.
En otra rama, están los lectores menos agraciados. Esos
que tienen poca experiencia leyendo cosas, esos que navegan en aguas poco
profundas en cuanto a literatura o simplemente la miran desde la costa con un
miedo terrible a ahogarse; mojan las patitas primero en un lado, luego en otro.
Nunca se zambullen. Más de medio cuerpo en aguas literarias significa un
naufragio, muerte segura, ahogo, y abandono del título. Es muy probable que
estos lectores no encuentren ni una o dos de las intertextualidades que
menciona el autor, y no tengan la más remota idea de imágenes, metáforas o
símbolos. Para ellos el leer es tan solo viajar a mundos nuevos y vivir experiencias
a través del lenguaje. Este tipo de lectores tilda a los títulos por si les
gustaron o no, por las sensaciones que les dejan. Tienen que sentir todo lo que
sucede como el sol veraniego, ya que estamos en temporada, en la piel. Tiene
que picar, arder, quemar, dejar una marca colorada, permitir el cambio de piel,
sufrir cuando se los toca, y disfrutar del bronceado, todo junto. Es imposible
no apreciar a estos lectores, ellos sienten los que pocos sin necesidad de irse
a lo frío y racional.
Y por último, el lector
que todos queremos ser. Ese que es una mezcla de los dos. Poder vivir de la
literatura sin tener que estar siempre atentos al pensamiento, la estética, los
símbolos, las imágenes, o las metáforas. Sin llevar pesados bolsos con
burguesías que sólo leen lo que les dice el folletín que lean o les sugieren
las bibliotecarias o en las librerías. ¡No señores! No permitamos ser eso. Pero
tampoco seamos aquel que vive temeroso de aguas, que no quiere mojarse la cara,
las manos, los pies y el alma con un poema de Pizarnik o que teme leer un
cuento de Fontanarosa porque en la literatura no se habla de fútbol. ¡Pura
mierda señores! En la literatura se habla, se escucha, se toca, nos tocan y nos
tocamos. En literatura se danza y se piensa que se danza, se muere y se vuelve
a vivir, hay amores y desamores, risas y lágrimas, golpes bajos y caricias de
flor. Está todo junto en el mismo paquete. En fin, la vida misma.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Un bache cualquiera
Esta es la historia de un bache de la calle 25 de Mayo de
una ciudad cualquiera en un país cualquiera en donde cualquier lugar tiene su
calle 25 de Mayo. Este bache estaba en su lugar de origen impidiendo el buen transitar todas las mañanas en horario
pico. Le encantaban las tardes de lluvia en donde se sentía divertido y alegre
al ver pasar las jovencitas en sus uniformes impecables y al menor descuido, si
previo aviso, salpicarlas con barro. Reía a carcajadas con su juego. Todos los días
de su vida se divertía molestando a las personas hasta que los encargados del
mantenimiento de las calles decidieron ponerle fin al asunto. Lo taparon con una
gruesa capa de arena y luego el espeso alquitrán. Así, el transito funcionaba
con normalidad y las jovencitas no volverían a ser mojadas; y la calle 25 de
Mayo de una ciudad cualquiera en un país cualquiera en donde cualquier lugar
tiene su calle 25 de Mayo, pasó a ser una calle cualquiera, sin un bache
cualquiera.
martes, 15 de octubre de 2013
A veces
A veces me pregunto quién me
acompaña, quien está conmigo en este manicomio, con quien comparto la sala de
estar, los pasillos y el patio de juegos. A veces creo que lo único que nos diferencia
son nuestras ropas. Con o sin bata blanca, con camisa de fuerza o sin ella, de traje
y corbata o con mameluco. Son formas que utilizan para decirnos de cual lado de
la reja estamos. Adentro o afuera. No quiero estar adentro, pero le temo a la
libertada domesticada de los que están afuera. Sin embargo, a veces me pregunto
“¿qué se siente no estar solo?” ¡Ojo! Tampoco quiero estar acompañado, para
sentirme solo entre todos. No quiero ser ni abeja, ni hormiga, ni mono, quiero
ser un hombre que está al lado de hombres. A veces, no sé, me da por
preguntarme. A veces no quiero la respuesta. A veces miro para ver quién me
acompaña, quien está conmigo en este manicomio. A veces cierro los ojos, porque
no soporto ver tanta soledad entre tantos cuerpos. A veces, sólo a veces.
viernes, 30 de agosto de 2013
Musa Rea
No tengo el berretín de ser un bardo,
chamuyador letrao, ni de spamento.
Yo escribo humildemente lo que siento
y pa' escribir mejor, ¡lo hago en lunfardo!...
Yo no le canto al perfumado nardo
ni al constelao azul del firmamento.
Yo busco en el suburbio sentimiento...
¡Pa' cantarle a una flor... le canto al cardo!...
Y porque embroco la emoción que emana
del suburbio tristón, de la bacana,
del tango candombero y cadencioso,
surge a torrentes mi mistonga musa:
¡es que yo tengo un alma rantifusa
bajo esta pinta de bacán lustroso!
¡Sublime!
chamuyador letrao, ni de spamento.
Yo escribo humildemente lo que siento
y pa' escribir mejor, ¡lo hago en lunfardo!...
Yo no le canto al perfumado nardo
ni al constelao azul del firmamento.
Yo busco en el suburbio sentimiento...
¡Pa' cantarle a una flor... le canto al cardo!...
Y porque embroco la emoción que emana
del suburbio tristón, de la bacana,
del tango candombero y cadencioso,
surge a torrentes mi mistonga musa:
¡es que yo tengo un alma rantifusa
bajo esta pinta de bacán lustroso!
¡Sublime!
viernes, 19 de julio de 2013
Fragmentos
Una noche se despertó
con hambre de literatura. Nunca esperó que ese deseo incontrolable, únicamente
comparable con la necesidad que tiene un ahogado de oxigeno o una manta para un
esquimal, le robara la vida. Comenzó por
una novelita corta de Kafka y luego siguió con otros escritores argentinos y
entre mezclando relatos, cuentos, novelas, poesía y nuevamente relatos, o algún
cuento, novela o poesía. No lograba detenerse. Recorría una y otra vez las
ruinas circulares que Borges describía tan hábilmente. Buscaba con más hambre
que nunca las vidas imaginarias, como las de Schwob, descriptas por un temeroso
corazón delator recorriendo caminos salvajes como si siguiese los consejos de
un beatnic. Vivió entrecruzando realidades como le habría ocurrido al idiota
del sonido y la furia, viajando entre Hemingway y Cortázar o tal vez algún post
moderno de la época que aun no lograba comprender con claridad; aunque, lo
lograría muchos años después, como es mencionado repetidamente durante los
entrañables años de soledad durante el viaje al centro de la tierra para
encontrar la semilla. Aquella semilla que no era otra cosa más que un incendio
indecoroso de historias ajenas y saberes y preguntas y respuestas y sensaciones
y sentimientos y generaciones sucumbiendo en locuras. En un pingpong de
realidades, de cristales fragmentados de fotografías veladas y noches blancas o
de insomnio, lo mismo daba. Todo formaba parte de la misma mezcla bizarra, de
esa cocatriz, que le pedía por favor que
apretase el gatillo para fusilar al mundo, para enajenar los retorcidos seres
que ya no serian ahuyentados por espantapájaros visionarios, o por cruzados
como Ivanhoe o un tal Quijote. Todo fue sucediendo, hasta el punto de no poder
ver nada o mejor dicho todo, a través de los ojos de la literatura. Ciego de un
mundo y clarividente en verdades que no merecían ser contadas; aunque hay cosas
que deben ser contadas de este modo, con fragmentos, estando activo en la
lucidez propicia aportada por la inactividad al quedarse dormido y dejando caer
el último libro que leería sin saber su final: una novelita corta de Kafka.
martes, 9 de julio de 2013
Me gusta cuando estudias
“Hay
algo en el extravío de tu mirada de intelectual ansiosa que me atrae, como la heladera
animal del mercadito san Lorenzo, mientras lees un libro de Horacio Gonzales con
interés manifiesto en ese lapicito que cada tanto “tic” subraya una palabra o
encierra un párrafo con una llave y distraídamente se desplaza del papel hacia
tu cuerpo. Primero desenreda un mechón de pelo, después como si quisieras grabar un tatuaje que dijera,
eso espero, te quiero, se dirige hacia tu pecho y se entretiene en una caricia
inconsciente hasta que el intérprete argentino de Sartre se queda
imprevistamente solo. El presidente que solía escucharlo firma ahora mismo un
tratado de paz con Joaquín Morales Sola y tu lápiz dibuja en medio de tus tetas
un corazón que en su centro tiene mi nombre.”
Martin Prieto – Me gusta cuando
estudias (fragmento).
sábado, 18 de mayo de 2013
Tiempo
Intentó
aclarar la voz un par de veces, tomó un sorbo de agua y dejó el vaso sobre la
mesa. Pero, no. Todavía sentía esa sensación. Una clase de vacío, alguna
ausencia tal vez, o simplemente era el sabor amargo que todavía dibujaba su
recuerdo. Estaba claro que hubiera preferido más. Más tiempo. Pero todo en esta
vida está cronometrado, medido, tasado, pesado, en fin, en mayor o menor
medida: cuantificado. El tiempo es el rey de esas mediciones. Es la profunda
existencia humana tratando de controlar el algo que lo domina y lo supera.
Tratando de maniatar a un dios y decirle de qué lado del paraíso le corresponde estar, porque el resto ha
sido conquistado por el hombre y para el hombre. Así es como se sentía. Dueño
de la más pura y profunda impotencia de no poder detener tres agujas que
señalan números organizados en un círculo. La manifestación del laberinto
perfecto. Y él estaba en su centralidad tratando de imponer su voluntad de ser
finito y lastimoso. Sabiendo que no lo lograría y sin decir aquellas palabras
que tenía atragantadas desde hace ya muchos años, volvió a mirar al objeto y sintió
como la arena del tiempo se le escabullía entre sus dedos, cerró los ojos y
soltó de forma continua, por unos segundos un lento suspiro.
domingo, 10 de marzo de 2013
Sobre la Lucidez
La lucidez es un don y es un
castigo. Está todo en la palabra. Lucido viene de Lucifer, el arcángel rebelde,
el demonio. Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera
estrella, la ultima en apagarse. Lucido viene de Lucifer y Lucifer viene de Lux
y de Fergus que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz. El que trae
la luz que permite la visión interior, el bien y el mal, todo junto; el placer
y el dolor.
La lucidez es dolor y el único placer
que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría es el
placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión.
El silencio del mero estar. En esto se van los años, en esto se fue la bella alegría
animal. (A. Pizarnik)
Uno sabe pero se tiene que
olvidar de que sabe. Esa es la manera de convivir con la lucidez. Pero la cosa
se complica cuando uno se da cuenta de que no se puede olvidar. El despertar de
la lucidez puede no suceder nunca, pero cuando llega, sí llega no hay modo de
evitarlo. Y cuando llega, se queda para siempre. Ahí es cuando se percibe el absurdo,
el sin sentido de la vida se percibe también de que no hay metas y no hay
progreso. Se entiende, aunque no se lo quiere aceptar, que la vida nace con la
muerte adosada, que la vida y la muerte no son consecutivas sino que son simultáneas
e inseparables. Sí uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y
rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan
banal que no se puede vivir como una tragedia.
El lúcido puede seguir viviendo
mientras conserve el instinto de la especie. El impulso vital. Es muy posible
que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda. Es necesario entonces apelar a algo parecido
a la fe. Hay que inventarse un motivo o una
meta, algo que nos permita reemplazar el instinto animal que se ha perdido por
una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de
mantener. De repente, sin un motivo se va, desaparece. Es entonces cuando se
sigue o no se sigue, se puede o no se puede. Y si no se puede no hay culpa. No
importa el amor de los otros o el amor que uno siente por ellos. Sí uno no
sigue, todo sigue sin uno y todo sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa. Se
conoce la muerte antes de morir. Es un final antiguo, rutinario y común. Es un
final deseado que se espera sin temor porque uno lo ha vivido ya muchas veces.
Todo da igual.
Adolfo Aristarain
sábado, 22 de diciembre de 2012
Un mensaje al mar
Imaginemos ser un naufrago que está
en una isla desierta y decide mandar un mensaje en una botella. ¿Cuántas cosas pasarían
por nuestras cabezas, cuántas palabras buscarían ser dichas, cuántas otras morían
en el intento?
Mandar un mensaje en una botella
es más que mandar la dirección de tu isla pidiendo que te rescaten. Es mucho
más. Son, o serian tus últimas palabras esas que alguien leerá.
Un mensaje en una botella es único
para un naufrago, aunque su final sea generalmente infeliz, el mar lo recibe y
sabe qué hacer con ese mensaje.
Así, hoy escribo un mensaje en
una botella, y lo suelto al mar para que cuando lo leas sepas que también naufragué.
Dar tantas vueltas para decir que
este mensaje es para muchos y para que muchos sepan lo que me pasa, y para los
que quieran compartan lo que siento. No puedo agradecer uno por uno porque
capaz que cometo el error fatal de no nombrarles, por eso decido ser general.
Les agradezco mucho a los que me bancaron en miles de cosas, situaciones,
reniegos, locuras, boludeces, caprichos, etc. A los que, aunque nunca los
llamé, estuvieron firmes y dispuestos a darme una mano. También pido mil
disculpas a los que no los pude acompañar en sus cosas por estar estudiando
para un parcial, o un práctico, o un final o porque tenía clases o lo que
fuere. Y quiero decirles que este logro, la finalización de mis estudios, es de
todos ustedes y se los dedico desde el centro de mi corazón, y con el más
profundo afecto y cariño que les tengo. Quiero que sepan que mas que alegría tengo
la sensación de tranquilidad, de liberación. Llevar sobre mis hombros la carga
de poder darles algo de lo mío que ustedes fueron acompañándome y gestando
pesaba muchísimo. No les voy a mentir, este año me lo propuse como fecha límite,
y no quería terminarlo sin darles este regalo. Porque por más que se considere
que esto como un logro personal, yo no soy nada sin la gente que quiero y me
quiere.
Por eso, finalmente, disfruten y
festejen que esto que soy ahora, también es de ustedes. Me debo a ustedes,
eternamente a ustedes.
martes, 18 de diciembre de 2012
Miedosos, valientes y boludos
Cuando la realidad te es adversa y te moja la oreja diciéndote
“¿a ver que tenes para decir?” ahí es cuando tenes que ser valiente. Porque el
valeroso no es aquel que no tiene miedo, sino es aquel que conociendo el
peligro de lo que conlleva su accionar de igual modo hace lo que tiene que
hacer. En cambio el cobarde se retuerce en sí mismo y se queda congelado por su
propio miedo. ¡Ojo! Tampoco es valiente el que va en moto, sin casco por una
autopista en medio de la neblina a 120 diciendo “no tengo miedo”. Ese, ese es
un boludo.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Recuerdo haber estado en París
Recuerdo haber estado en París
Visitar París con la memoria es
mucho más triste que nunca haber ido. Recuerdo el caminar por sus calles
contemplando sus edificios y paisajes. Recuerdo tu vestido azul, recuerdo tu
sonrisa, te recuerdo perfectamente perfecta. Recuerdo cada detalle como si
fuera una fotografía o mejor aun como una película. Pero, hay algo que siempre
recordaré especialmente que es esa tarde de lluvia, y yo con mi cara cómica
esperándote en el andén del tren viendo a la muchedumbre ir y venir. Recuerdo haber estado en París muchas veces,
pero no recuerdo que tomaras ese tren.
martes, 28 de agosto de 2012
Comunión plenaria
Comunión plenaria. Oliverio Girondo
Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...
Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?
Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...
Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?
Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.
viernes, 22 de junio de 2012
La luna con gatillo
Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.
El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.
Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.
Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?
He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.
El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.
Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!
Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.
Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.
No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.
Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.
Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.
Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.
No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.
Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
Raúl González Tuñón
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